Presentación

 

La necesidad de un cambio de rumbo


Con el nuevo siglo Lanzarote necesita dar un giro y reformular su futuro. Todos intuimos y los indicadores desarrollados por el equipo técnico que ha realizado la Estrategia Lanzarote en la Biosfera (E.L+B.) lo confirman: de persistir en un desarrollo de la Isla basado en la expansión de la población, muy especialmente del turismo, y de unos patrones de consumo cada vez más insostenibles, estaremos poniendo en peligro una evolución satisfactoria de la Isla.

La información facilitada por los trabajos de la Estrategia avala un sentimiento extendido entre la población lanzaroteña. La rápida expansión del turismo en los dos últimos decenios no ha producido, gracias a las ideas del grupo encabezado por César Manrique, efectos tan negativos como en otras zonas del litoral del país; pero tampoco puede constituir un modelo de referencia indiscutible hacia el futuro. Es cierto que muchos admiran nuestra situación, y no debemos olvidar que el turismo ha permitido superar la emigración y mejorar las duras condiciones de vida de una gran parte de la población isleña. Pero tampoco se puede ignorar que dicha expansión ha producido efectos enormemente costosos que nadie ha contabilizado todavía.

¿Cómo valorar los impactos sobre las transformaciones ambientales y paisajísticas de estos años? ¿Qué decir de la crisis de identidad cultural inducida por la rapidez de unas transformaciones que se han implantado a velocidades de vértigo? ¿Cómo evaluar que la Isla tenga el mayor desequilibrio poblacional de toda Canarias? ¿Qué margen de la capacidad de carga de un sistema finito y vulnerable como Lanzarote se ha consumido de forma precipitada e irreversible? No se trata de interrogarse sin sentido ante el espejo de un pasado que ya fue, pero sí de extraer algunas lecciones para orientar con responsabilidad el rumbo hacia el futuro.

Hablemos de ese futuro. Todo parece indicar que si no graduamos desde la propia perspectiva e intereses de la Isla las tendencias expansivas del mercado internacional, la escala, ritmo y condiciones del crecimiento turístico acabarían provocando una fuerte degradación del sistema insular. Los estudios lo han calificado como un “escenario de riesgo”, en el que en poco menos de una generación Lanzarote llegaría a albergar cerca de 200.000 personas, de ellos 75.000 turistas, desbordando y transformando la Isla con relación a como la conocemos y disfrutamos.

Pero esta vez no habría contrapartidas positivas para la mayoría de la población, sino todo lo contrario; no sólo la evolución de la economía insular sería cada día más frágil y se agudizarían los riesgos de desvertebración social, sino que también se degradarían el ecosistema insular y la calidad de vida en la Isla. Y tal deterioro no sería imputable, única y exclusivamente, a una desmedida expansión turística, sino también a una población residente cada vez más numerosa y menos sensibilizada con las limitaciones y fragilidades de la Isla.

Tenemos que atrevernos a cambiar de rumbo; lo contrario sería una temeridad y una irresponsabilidad colectiva. Y afortunadamente estamos a tiempo.
Hace cinco meses, el Cabildo se comprometió a debatir con la sociedad lanzaroteña una propuesta de futuro distinta. Una propuesta que ahora presentamos y que hemos llamado “Estrategia Lanzarote en la Biosfera” porque trata de dar respuesta al compromiso adquirido con nuestra incorporación en 1993 a la Red Mundial de Reservas de Biosfera de Unesco.

Una Estrategia ambiciosa y con dos objetivos centrales: preservar los equilibrios básicos del sistema insular y mejorar la calidad de vida de la población lanzaroteña y de sus visitantes. Una Estrategia que no se plantea desde un conservacionismo imposible ni en contra de un turismo del que vivimos y por cuya mejora apostamos, sino desde un planteamiento orientado por la sostenibilidad y la compatibilidad entre las necesidades humanas, económicas y ecológicas de la Isla.

Alcanzar tales objetivos requiere moderar la presión humana sobre el sistema insular y reorientar la evolución de la Isla desde dos premisas básicas, las dos imprescindibles: contener el aumento de la población —asumida la evolución demográfica de los residentes— centra la cuestión en limitar el crecimiento de la afluencia turística a escalas y ritmos compatibles con la capacidad de asimilación de la Isla; y reorientar con criterios de sostenibilidad ciertos factores centrales del sistema insular.

La Estrategia que proponemos debatir pretende crear un proceso de discusión y concertación, en el que tales premisas puedan concretarse con el mayor apoyo social posible. Y ello por dos razones fundamentales. La primera, porque las transformaciones que requiere Lanzarote sólo son alcanzables desde un amplio consenso social sobre los problemas de fondo de la Isla y desde el difícil ejercicio de trabajar conjuntamente con los demás en pro de un proyecto común. La segunda, porque el Cabildo ha optado por ofrecer una lista abierta y muy amplia de posibles acciones, por lo que es fundamental que la propia discusión en la sociedad lanzaroteña facilite una orientación sobre su interés y prioridades.

Con esas premisas, la Estrategia que presenta el Cabildo plantea ocho grandes Líneas de Acción en las que a su vez se inscriben 28 posibles Programas de Actuación.

La Acción más singular de las propuestas, se refiere al establecimiento de una Moratoria a diez años que limite el ritmo de crecimiento turístico a unas ocho mil nuevas plazas turísticas en la década, a fin de dar tiempo a la sociedad lanzaroteña para definir y orientar de forma sostenible el futuro de la Isla. Tal propuesta se basa en la apreciación de que tales crecimientos todavía pueden ser asimilados por la Isla, siempre y cuando se desarrollen toda una serie de acciones paralelas que orienten la evolución insular hacia bases más sostenibles que las actuales.

La instrumentación de una medida de este tipo supone un reto de primera magnitud para el Cabildo y los alcaldes de la isla, y va a requerir generosidad por parte de todos, además de un amplio respaldo social. La reciente iniciativa del Gobierno Balear en el mismo sentido nos anima a trabajar en esa dirección, sin olvidar por ello que mientras tanto, los propios Planes Insulares de Ordenación Territorial, una de las creaciones más valiosas de Canarias, que permitieron desclasificar en Lanzarote más de 200.000 plazas turísticas hace varios años, se están viendo sometidos a procedimientos legales que pudieran debilitar su capacidad reguladora de las islas como unidades integradas.

El resto de las ocho Líneas de Acción y Programas planteados cubren una amplia gama de temas importantes, que van desde la reflexión en torno a la cuestión de la identidad cultural isleña, hasta la preservación de la vertebración y la convivencia social; desde la necesidad de impulsar una estrategia económica y turística compatibles con el sistema insular, hasta la oportunidad de impulsar la capitalidad y la rehabilitación integral de Arrecife; desde la preservación de la ecología y la biodiversidad insular, hasta la creación de un Observatorio sobre la evolución y la calidad de vida en la Isla, o la gestión sostenible de sectores ambientales clave como el agua, la energía, los residuos o los transportes.

Para terminar, hay que reconocer que el proceso de debate que se abre, sólo será fructífero si finalmente culmina en un auténtico Pacto Insular sustentado por las instituciones insulares, las fuerzas políticas, alcaldes y representantes económicos y sociales, en torno a una serie de compromisos concretos para orientar el futuro de la Isla hacia bases más sostenibles. Ello nos plantea un auténtico desafío de lucidez, voluntad política y sobre todo de generosidad, especialmente a quienes ostentamos cargos públicos de gobierno u oposición. Porque no nos engañemos, sólo nosotros, todos juntos y cada uno desde su responsabilidad, nos podemos ofrecer ese futuro.


Enrique Pérez Parrilla
Presidente del Cabildo de Lanzarote
Marzo de 1998