Las erupciones de Timanfaya ofrecieron un nuevo recurso con sus cenizas volcánicas, puesto que extendidas sobre los campos de cultivo (enarenados), aislaban las raíces y la humedad del suelo de los rayos del sol y el viento. De este modo, se lograba retener la escasa e impredecible lluvia y podían producirse mayores cosechas de una variedad más amplia de cultivos.

Las grandes ventajas de esta técnica extendieron los negros campos de cultivo mucho más allá del área de la Geria, donde parece que fue descubierta. De tal modo que se mejoró mucho suelo agrícola añadiendo cenizas donde no las había. O se creó nuevo suelo transformando malpaís al que se añadía tierra, abono y arena volcánica, acarreados a lomos de camellos (dromedarios) o camiones.

Así pues, los agricultores crearon un nuevo paisaje fértil donde antes había desolación. Y extendieron ese descubrimiento por toda la Isla, ajardinando Lanzarote con una agricultura artesanal que sacó provecho de las negras cenizas de una catástrofe.

 

 

 

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