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PRÓLOGO. Félix Hormiga
El paso de los seres vivos a
través de un territorio deja un cuerpo indeleble de huellas. Rastros que permiten, en el
caso de los humanos, descubrir los conocimientos, las carencias, la economía, los
hábitos alimentarios, las costumbres sociales y las pautas cotidianas de estos individuos
a lo largo del tiempo. Lanzarote ha cambiado en los últimos 40 años de una manera sustancial. Abandonó la pequeñez, lo familiar, lo inmediato y se aventuró en la modernidad que, al llegarle con retraso, ocasionó un encandilamiento general y una significativa y lamentable cantidad de ceguera. Los cambios ocurrieron de manera tan rápida que nadie tuvo tiempo de plantear la utopía y, por tanto, colocar el sueño como elemento regulador del crecimiento y de la sostenibilidad.
Los
lanzaroteños entendieron rápidamente que la isla empezaba a interesar a los foráneos,
que disfrutaban con las playas y con la benignidad climática y, especialmente, que se
asombraban maravillados con lo que para los nativos había sido el símbolo inequívoco de
lo catastrófico: el volcán. De pronto comprendieron y entraron a participar de otras
visiones de la belleza. Pero el tiempo ha venido a demostrar que a los visitantes más que
las playas les interesaban la virginidad y la presencia casi en soledad de las mismas; que
el bienestar climático también tenía que ver con la formulación arquitectónica,
engarzada en el territorio de manera casi orgánica; y que el volcán también hay que
disfrutarlo en comunión directa entre el ser humano y las fuerzas telúricas de la
naturaleza, las fuerzas primigenias de la vida y, no cabe duda, de que esto sólo se da en
momentos de sosiego y no en una cola para ver cómo el calor de la isla hace regurgitar el
contenido de un balde de agua. El planteamiento último, es
decir, el discurso más actualizado de los lanzaroteños de pro, tiene que ver con las
ansias de recuperación de sus antiguos valores culturales, para ponerlos al servicio del
diseño y la construcción del futuro. Una vez que se han realizado
los enunciados acerca de la optimización de los recursos paisajísticos y culturales de
la isla y la necesidad de salvaguardarlos, es de obligado proceder la elaboración de
múltiples documentos que se conviertan en continente de los valores de la isla. En este sentido surge la idea
de Tesoros de la Isla. Un libro que reúne un buen número de imágenes relativas a
Lanzarote. Gente y territorio, con lo que uno y otro generan y sus interrelaciones. Es
decir: lo constructivo, la ingeniería popular, lo paisajístico, la fauna terrestre,
marina y las aves, los animales de laboreo y la flora. Figuran en Tesoros de la Isla
ejemplos desaparecidos de construcciones que eran significativas culturalmente y que hoy,
al contemplarlas, nos sugieren que teníamos que haber elegido mejor criterio de
conservación. Afortunadamente, gracias a la memoria y a documentos gráficos, se han
podido incluir en este libro.
La primera idea sobre este
libro trajo de manera inmediata la elección del pintor que tuviera la capacidad de
trabajo y de comprensión acerca de lo que se quería diseñar. Tendría que ser alguien
que poseyera experiencia en la captura no ya sólo de las imágenes sino de la atmósfera
ideológica conveniente. Un artista que conociera perfectamente a la isla, su naturaleza y
su biodiversidad. Pese a que en el momento del encargo se le entregara, para establecer
unas pautas, un listado de cosas y seres que tendrían que registrarse en la obra, el
pintor tendría que estar dotado de una intuición que se ajustara y visionara lo que el
Servicio de Publicaciones del Cabildo quería que contuviera este libro como referentes de
la isla. Así, pues, el encargo se le
hizo a Santiago Alemán. Su probada experiencia y su valiosa trayectoria artística
harían del libro un documento útil y auténtico al tiempo que una obra de arte. A la
primera definición del trabajo, el pintor advierte la necesidad de aumentar el número
previsto de láminas, pues se acumulan importantes ejemplos que deben ser incluidos en la
edición. El resultado final es una
colección de láminas arrutadas con lo más valioso de nuestra naturaleza y cultura
insular. Los edificios, los existentes y los sacrificados en culto vano, la biodiversidad
y la presencia laboral de los lanzaroteños están retratadas magistralmente por la
sobrada profesión del artista, por su afán compilador de todo cuanto de una manera
interesante se da cita en la isla. La sobriedad es también un
modelo de belleza en Lanzarote. Es, lo sobrio, un estado de ánimo de la tierra, un lento
transitar. Los tonos ocres y sienas se suceden entre el dinamismo del jable y la estática
de los ríos secos del volcán. Las montañas romas o abiertas en sinuosas y erosionadas
calderas que fueron tambor y fuego, origen de la física insular. Sobre las partes del
terreno menos aprovechables para la labranza nació la arquitectura doméstica, discreta
integración del habitat al suelo. Edificación orgánica y
modular que iría creciendo al mismo ritmo que las pertenencias y los hijos. Así, desde
una pieza o cuarto, la construcción popular, iría transformándose en "ele" o
en "c", para luego cerrarse con un muro y cancela, dejando en el interior un
patio, en la mayoría de los casos circundando un aljibe. Cada una de las partes,
realizadas en distintos tiempos, es un testigo de los materiales de la época y de la
forma de trabajarlos.
A la primera pieza, realizada en piedra y barro podía seguirle un crecimiento en canto de rofe prensado y la casa, si la edificación es reciente, podía mostrar sus últimas obras en bloque. Evidentemente, el encalado sobre las distintas superficies dará texturas diferentes y serán más aristados los perfiles últimos que aquellos primeros en los que la mezcla hacía el recorrido sinuoso que le sugería la piedra. La lenta fabricación de
Lanzarote, como realidad social, posibilitó una mayor y casi mimética integración de la
vivienda al espacio. Cuando en los humildes caseríos y aldeas sólo se encalaban los
frontis, más por medidas higiénicas que por estética, la trasera de las viviendas era
difícil de detectar, pues se confundía con el medio, ya que sólo mostraban muros de
piedra seca de distintas alturas y techumbres de torta que semejaban el mismo suelo. Sólo
escapaban de esta visión las casonas de los dueños de la tierra que bien eran de dos
plantas o de una con un desarrollo espacial y constructivo importante, la arquitectura
religiosa y la militar. El resto, es decir, la aludida como arquitectura doméstica o
popular, es una construcción firmemente integrada al suelo y sujeta, modularmente, al
crecimiento familiar. El antiguo aspecto
constructivo lanzaroteño estaba plagado de singularidades que tenían como referencias al
clima, lo básico y la inmediatez o cercanía de los materiales constructivos y la
importancia, en cuanto a rentabilidad, del suelo, es decir: sólo los suelos con pocas
posibilidades agrícolas eran destinados para albergar la vivienda. Era el interior de la
isla el que poseía mejores ejemplos de edificación. Las razones eran la realidad
agrícola de la isla y la residencia de los potentados. Las zonas costeras habitadas
presentaban construcciones humildes, en algunos casos chozas, a modo de tegala, donde
sólo se enalbeaba los dinteles y marcos de puertas y huecos de ventana. La mayoría de
estas chozas estaba cubierta de torta de barro y paja sobre un tejido de varas
entrecruzadas. El núcleo edificado más importante era el de la Villa deTeguise (capital
de la isla hasta 1847), con una importante representación de arquitectura religiosa y
casas particulares de gran porte, pese a los importantes y sucesivos ataques sufridos como
respuestas africanas a las razzias de los Señores de la isla (1569, 1570, 1586 y 1618).
Ataques que devastaron edificios e hicieron desaparecer documentos, no quedando
referencias físicas de las construcciones realizadas desde el periodo de la conquista
(siglo XV) ni de los documentos que podían darnos una idea de las obras. Estos ataques,
incendios y ruina de un buen número de edificaciones vendrían a calificar al siglo XVII
lanzaroteño como el de mayor, importancia en cuanto a reconstrucción. En el libro Arquitectura de
Lanzarote en el siglo XVII, de Manuel Lobo Cabrera y Pedro Quintana Andrés, al referirse
los autores a los documentos de 1624 a 1692, dicen que estos contienen información sobre
obras arquitectónicas: "Destacan principalmente obras religiosas, pero también
civiles, de defensa y de aprovisionamiento de agua, así como domésticas. Junto a ellos
hay otros (documentos) relativos a esculturas y retablos que bien se importan o se
realizan en la Isla para embellecer a los templos principales y a las ermitas".
Tesoros de la Isla adquiere
calidad e importancia documental en cuanto registra una visión pasada y presente de
Lanzarote y de los seres que la habitan, los que surcan su cielo, los que rastrean su
suelo y los que se mecen al ritmo del océano. Lo edificado tiene en el
libro una presencia alta, pues también están registrados detalles y ambientes, así como
el color, ya que la arquitectura del color tuvo en el pasado insular una importancia nada
desdeñable. Los ambientes, por ejemplo: una pared, un rincón, un patio, un soco, que en
la actualidad son sólo una parte de una casa jugaron en el pasado un papel de reunión y
de entrega de la palabra, con mucha más trascendencia e importancia para la construcción
familiar, la oralidad y la trasmisión de la memoria, que las actuales citas en torno a la
barbacoa que, como espacio social, ha ido buscándose hueco en los últimos años en las
viviendas de playa y campo. Santiago Alemán retrata
diferentes formulaciones de la arquitectura, distintos modelos domésticos, militar,
religiosa, estatal y la vinculada a determinadas labores y producciones, como salinas,
molinos, hornos, tahonas. No se quedan atrás referencias claras y precisas al color y
tampoco importantes edificios u obras que ya sólo son recuerdos. Tesoros de la Isla acoge entre sus páginas gran parte de lo que ha contenido la caja llamada Lanzarote, un inventario de vida y de tiempo. Lo transportado a las láminas es auténtica iconografía de Lanzarote y sus gentes. En los últimos años, en los que Lanzarote ha iniciado una travesía no exenta de riesgos, en cuanto a posibles pérdidas de valores identitarios, se ha hecho más necesario y urgente elaborar y establecer un inventario básico que ponga a salvo las imágenes con capacidad de fabricar y sustentar la historia. Este es el motivo que permitió plantear la existencia de Tesoros de la Isla. El listado dibujado registra de manera impoluta espacio, seres y obras. Cada una de las láminas merece ser motivo de ampliación y convertirse en cartel anunciador de nuestra naturaleza social, zoológica y territorial. La obra de Santiago Alemán es semejante a los antiguos compendios realizados para describir la isla; si en aquéllos los autores definían con escritura las cosas que poseía la isla, el número de aldeas y vecinos, las aljibes, hornos, fábricas, comercios, animales, etc., en Tesoros de la Isla, el pintor relata todo cuanto ve y cuanto le dicen, creando un documento de gran valor descriptivo; de igual manera actuó otro artista en 1730 cuando fue enviado, por Pedro Sánchez Umpiérrez, Gobernador de las Armas de Fuerte ventura, a plasmar la erupción deTimanfaya, y que hoy, la contemplación de su mapa llameante, nos sirve para darnos cuenta de la dramática y dantesca situación a la que estuvo expuesta la isla.
Registra Carmen Romero Ruiz
en su libro Crónicas Documentales sobre las Erupciones de Lanzarote el siguiente
documento: Carta del Gobernador de las Armas de Fuerteventura, en la que le envía el mapa
de la erupción al Regente de Real Audiencia de Canarias, Juan Francisco de la Cueva, el
18 de noviembre de 1730: Muy
Ilustre Señor= El impensado y lastimoso suceso de bolcanes en la ysla de Lanzarote nos
tiene tan lastimados a todos como mas convezinos, como no puedo explicar. Y por que
discurro estará Vuestra Señoría ya enterado de todo lo sucedido por los juezes de
aquella ysla, no repito esta mortificación. Solo si me determiné con el motivo de tantas
cartas y noticias, que tube de aquella isla, a embiar un pintor para que atentamente me
hiciese mapa déla isla, proporcionándose a discreción para dar a conocer los lugares
perdidos por razón del bolean,y los perdidos por arenas y los no tan perdidos por causa
de ellas, los que no han padecido ruina, el terreno que esta libre y antes se cultivaba,y
lo mismo el que esta incapaz de cultivarse por causa de los malpaizes, y tierra inútil,
que con efecto se hizo, hauiendo quedado muy razonable en opinión de todos los
inteligentes que tienen conocimiento de aquella isIa.Y tenqo hecho esto solo ajin de
embiar uno a su Excelencia, y el incluso a Vuestra Señoría para que teniendo ala vista
en el mexor modo posible aquella ysla en diseño, puedan Vuestra Senaria y su Excelencia
obrar sus providencias, como mexor convenga, que quiera Dios, y su Madre Santísima dar en
todo el maior acierto. Vuestra Señoría me tiene para servirle con todas veras,y con las
misma ruego a Nuestro Señor le guarde muchos años, como deseo. Fuerteventura y de
noviembre 18 de 1730= Muy ilustre .Señor= Besa la mano de a Vuestra Señoría su mas
afecto, y reconocido Servidor= Pedro Sánchez Umpierres= Señor Regente Donjuán Francisco
déla Cueva. Muy Señor mió. La erupción de Timanfaya y
su grado de penetración o presencia en la casi totalidad de la isla, marcaría
definitivamente el paisaje, el perfil del isleño, las labores agrícolas y las
construcciones. Por supuesto también influye sobre la vegetación y la fauna. La isla
calcinada durante el período 1730-36, tendría a lo largo de los tiempos una costra
maldita y calamitosa que sólo en los últimos cuarenta-sesenta años ha adquirido una
nueva dimensión en los cánones de la belleza. El volcán, interpreta hoy el más
importante rol para la atracción del turismo.
Como ya se dijera aquello de
que sólo hay que portar lo suficiente para sobrevivir a un naufragio, en clara referencia
a que no hay que cargar en la vida con inutilidades y sí con lo que realmente posee
sustancia y calidad, y partiendo de la base de que lo que contiene este libro representa
por extensión a todos y cada uno de los valores sensatos de Lanzarote, Tesoros de la Isla
posee exclusivamente válidas referencias y puertos de arribadas de nuestra singularidad
cultural. Es, por tanto, el libro blanco de la cultura y la naturaleza de Lanzarote, un
canon o guía para sobrevivir al tiempo y, especialmente, a los cambios que pudieran venir
diseñados por la descuidada intervención y la desmesurada especulación. Este libro es un inventario para la reconciliación entre
Lanzarote como realidad natural y sus gentes. Sigue la norma ya conocida en
la isla de contemplar el medio como potencia a ser |
OTRAS EXPOSICIONES VIRTUALES DEL CABILDO DE LANZAROTE