sa.gif (977 bytes)

         

 
 
 
 
 
 
 

 

PRÓLOGO. Félix Hormiga

 

El paso de los seres vivos a través de un territorio deja un cuerpo indeleble de huellas. Rastros que permiten, en el caso de los humanos, descubrir los conocimientos, las carencias, la economía, los hábitos alimentarios, las costumbres sociales y las pautas cotidianas de estos individuos a lo largo del tiempo.

Lanzarote ha cambiado en los últimos 40 años de una manera sustancial. Abandonó la pequeñez, lo familiar, lo inmediato y se aventuró en la modernidad que, al llegarle con retraso, ocasionó un encandilamiento general y una significativa y lamentable cantidad de ceguera. Los cambios ocurrieron de manera tan rápida que nadie tuvo tiempo de plantear la utopía y, por tanto, colocar el sueño como elemento regulador del crecimiento y de la sostenibilidad.

 

 

 

Los lanzaroteños entendieron rápidamente que la isla empezaba a interesar a los foráneos, que disfrutaban con las playas y con la benignidad climática y, especialmente, que se asombraban maravillados con lo que para los nativos había sido el símbolo inequívoco de lo catastrófico: el volcán. De pronto comprendieron y entraron a participar de otras visiones de la belleza. Pero el tiempo ha venido a demostrar que a los visitantes más que las playas les interesaban la virginidad y la presencia casi en soledad de las mismas; que el bienestar climático también tenía que ver con la formulación arquitectónica, engarzada en el territorio de manera casi orgánica; y que el volcán también hay que disfrutarlo en comunión directa entre el ser humano y las fuerzas telúricas de la naturaleza, las fuerzas primigenias de la vida y, no cabe duda, de que esto sólo se da en momentos de sosiego y no en una cola para ver cómo el calor de la isla hace regurgitar el contenido de un balde de agua.

El planteamiento último, es decir, el discurso más actualizado de los lanzaroteños de pro, tiene que ver con las ansias de recuperación de sus antiguos valores culturales, para ponerlos al servicio del diseño y la construcción del futuro.

Las divisas más claras son las de la racionalización y la sostenibilidad. Para ello se han puesto en marcha diferentes estrategias, desde la concienciación hasta lo estrictamente normativo, con el fin de evitar lo no deseable: el desgaste de la isla y sus ofertas de ocio dentro de un marco de protección del medio ambiente, del disfrute de la naturaleza, de la seguridad y del bienestar.

Una vez que se han realizado los enunciados acerca de la optimización de los recursos paisajísticos y culturales de la isla y la necesidad de salvaguardarlos, es de obligado proceder la elaboración de múltiples documentos que se conviertan en continente de los valores de la isla.

En este sentido surge la idea de Tesoros de la Isla. Un libro que reúne un buen número de imágenes relativas a Lanzarote. Gente y territorio, con lo que uno y otro generan y sus interrelaciones. Es decir: lo constructivo, la ingeniería popular, lo paisajístico, la fauna terrestre, marina y las aves, los animales de laboreo y la flora.

Figuran en Tesoros de la Isla ejemplos desaparecidos de construcciones que eran significativas culturalmente y que hoy, al contemplarlas, nos sugieren que teníamos que haber elegido mejor criterio de conservación. Afortunadamente, gracias a la memoria y a documentos gráficos, se han podido incluir en este libro.

La primera idea sobre este libro trajo de manera inmediata la elección del pintor que tuviera la capacidad de trabajo y de comprensión acerca de lo que se quería diseñar. Tendría que ser alguien que poseyera experiencia en la captura no ya sólo de las imágenes sino de la atmósfera ideológica conveniente. Un artista que conociera perfectamente a la isla, su naturaleza y su biodiversidad. Pese a que en el momento del encargo se le entregara, para establecer unas pautas, un listado de cosas y seres que tendrían que registrarse en la obra, el pintor tendría que estar dotado de una intuición que se ajustara y visionara lo que el Servicio de Publicaciones del Cabildo quería que contuviera este libro como referentes de la isla.

Así, pues, el encargo se le hizo a Santiago Alemán. Su probada experiencia y su valiosa trayectoria artística harían del libro un documento útil y auténtico al tiempo que una obra de arte. A la primera definición del trabajo, el pintor advierte la necesidad de aumentar el número previsto de láminas, pues se acumulan importantes ejemplos que deben ser incluidos en la edición.

El resultado final es una colección de láminas arrutadas con lo más valioso de nuestra naturaleza y cultura insular. Los edificios, los existentes y los sacrificados en culto vano, la biodiversidad y la presencia laboral de los lanzaroteños están retratadas magistralmente por la sobrada profesión del artista, por su afán compilador de todo cuanto de una manera interesante se da cita en la isla.

La sobriedad es también un modelo de belleza en Lanzarote. Es, lo sobrio, un estado de ánimo de la tierra, un lento transitar. Los tonos ocres y sienas se suceden entre el dinamismo del jable y la estática de los ríos secos del volcán. Las montañas romas o abiertas en sinuosas y erosionadas calderas que fueron tambor y fuego, origen de la física insular. Sobre las partes del terreno menos aprovechables para la labranza nació la arquitectura doméstica, discreta integración del habitat al suelo.

Edificación orgánica y modular que iría creciendo al mismo ritmo que las pertenencias y los hijos. Así, desde una pieza o cuarto, la construcción popular, iría transformándose en "ele" o en "c", para luego cerrarse con un muro y cancela, dejando en el interior un patio, en la mayoría de los casos circundando un aljibe. Cada una de las partes, realizadas en distintos tiempos, es un testigo de los materiales de la época y de la forma de trabajarlos.

A la primera pieza, realizada en piedra y barro podía seguirle un crecimiento en canto de rofe prensado y la casa, si la edificación es reciente, podía mostrar sus últimas obras en bloque. Evidentemente, el encalado sobre las distintas superficies dará texturas diferentes y serán más aristados los perfiles últimos que aquellos primeros en los que la mezcla hacía el recorrido sinuoso que le sugería la piedra.

La lenta fabricación de Lanzarote, como realidad social, posibilitó una mayor y casi mimética integración de la vivienda al espacio. Cuando en los humildes caseríos y aldeas sólo se encalaban los frontis, más por medidas higiénicas que por estética, la trasera de las viviendas era difícil de detectar, pues se confundía con el medio, ya que sólo mostraban muros de piedra seca de distintas alturas y techumbres de torta que semejaban el mismo suelo. Sólo escapaban de esta visión las casonas de los dueños de la tierra que bien eran de dos plantas o de una con un desarrollo espacial y constructivo importante, la arquitectura religiosa y la militar. El resto, es decir, la aludida como arquitectura doméstica o popular, es una construcción firmemente integrada al suelo y sujeta, modularmente, al crecimiento familiar.

El antiguo aspecto constructivo lanzaroteño estaba plagado de singularidades que tenían como referencias al clima, lo básico y la inmediatez o cercanía de los materiales constructivos y la importancia, en cuanto a rentabilidad, del suelo, es decir: sólo los suelos con pocas posibilidades agrícolas eran destinados para albergar la vivienda. Era el interior de la isla el que poseía mejores ejemplos de edificación. Las razones eran la realidad agrícola de la isla y la residencia de los potentados. Las zonas costeras habitadas presentaban construcciones humildes, en algunos casos chozas, a modo de tegala, donde sólo se enalbeaba los dinteles y marcos de puertas y huecos de ventana. La mayoría de estas chozas estaba cubierta de torta de barro y paja sobre un tejido de varas entrecruzadas. El núcleo edificado más importante era el de la Villa deTeguise (capital de la isla hasta 1847), con una importante representación de arquitectura religiosa y casas particulares de gran porte, pese a los importantes y sucesivos ataques sufridos como respuestas africanas a las razzias de los Señores de la isla (1569, 1570, 1586 y 1618). Ataques que devastaron edificios e hicieron desaparecer documentos, no quedando referencias físicas de las construcciones realizadas desde el periodo de la conquista (siglo XV) ni de los documentos que podían darnos una idea de las obras. Estos ataques, incendios y ruina de un buen número de edificaciones vendrían a calificar al siglo XVII lanzaroteño como el de mayor, importancia en cuanto a reconstrucción.

En el libro Arquitectura de Lanzarote en el siglo XVII, de Manuel Lobo Cabrera y Pedro Quintana Andrés, al referirse los autores a los documentos de 1624 a 1692, dicen que estos contienen información sobre obras arquitectónicas: "Destacan principalmente obras religiosas, pero también civiles, de defensa y de aprovisionamiento de agua, así como domésticas. Junto a ellos hay otros (documentos) relativos a esculturas y retablos que bien se importan o se realizan en la Isla para embellecer a los templos principales y a las ermitas".

 

Tesoros de la Isla adquiere calidad e importancia documental en cuanto registra una visión pasada y presente de Lanzarote y de los seres que la habitan, los que surcan su cielo, los que rastrean su suelo y los que se mecen al ritmo del océano.

Lo edificado tiene en el libro una presencia alta, pues también están registrados detalles y ambientes, así como el color, ya que la arquitectura del color tuvo en el pasado insular una importancia nada desdeñable. Los ambientes, por ejemplo: una pared, un rincón, un patio, un soco, que en la actualidad son sólo una parte de una casa jugaron en el pasado un papel de reunión y de entrega de la palabra, con mucha más trascendencia e importancia para la construcción familiar, la oralidad y la trasmisión de la memoria, que las actuales citas en torno a la barbacoa que, como espacio social, ha ido buscándose hueco en los últimos años en las viviendas de playa y campo.

Santiago Alemán retrata diferentes formulaciones de la arquitectura, distintos modelos domésticos, militar, religiosa, estatal y la vinculada a determinadas labores y producciones, como salinas, molinos, hornos, tahonas. No se quedan atrás referencias claras y precisas al color y tampoco importantes edificios u obras que ya sólo son recuerdos.

Tesoros de la Isla acoge entre sus páginas gran parte de lo que ha contenido la caja llamada Lanzarote, un inventario de vida y de tiempo. Lo transportado a las láminas es auténtica iconografía de Lanzarote y sus gentes. En los últimos años, en los que Lanzarote ha iniciado una travesía no exenta de riesgos, en cuanto a posibles pérdidas de valores identitarios, se ha hecho más necesario y urgente elaborar y establecer un inventario básico que ponga a salvo las imágenes con capacidad de fabricar y sustentar la historia. Este es el motivo que permitió plantear la existencia de Tesoros de la Isla. El listado dibujado registra de manera impoluta espacio, seres y obras. Cada una de las láminas merece ser motivo de ampliación y convertirse en cartel anunciador de nuestra naturaleza social, zoológica y territorial. La obra de Santiago Alemán es semejante a los antiguos compendios realizados para describir la isla; si en aquéllos los autores definían con escritura las cosas que poseía la isla, el número de aldeas y vecinos, las aljibes, hornos, fábricas, comercios, animales, etc., en Tesoros de la Isla, el pintor relata todo cuanto ve y cuanto le dicen, creando un documento de gran valor descriptivo; de igual manera actuó otro artista en 1730 cuando fue enviado, por Pedro Sánchez Umpiérrez, Gobernador de las Armas de Fuerte ventura, a plasmar la erupción deTimanfaya, y que hoy, la contemplación de su mapa llameante, nos sirve para darnos cuenta de la dramática y dantesca situación a la que estuvo expuesta la isla.

Registra Carmen Romero Ruiz en su libro Crónicas Documentales sobre las Erupciones de Lanzarote el siguiente documento: Carta del Gobernador de las Armas de Fuerteventura, en la que le envía el mapa de la erupción al Regente de Real Audiencia de Canarias, Juan Francisco de la Cueva, el 18 de noviembre de 1730:

Muy Ilustre Señor= El impensado y lastimoso suceso de bolcanes en la ysla de Lanzarote nos tiene tan lastimados a todos como mas convezinos, como no puedo explicar. Y por que discurro estará Vuestra Señoría ya enterado de todo lo sucedido por los juezes de aquella ysla, no repito esta mortificación. Solo si me determiné con el motivo de tantas cartas y noticias, que tube de aquella isla, a embiar un pintor para que atentamente me hiciese mapa déla isla, proporcionándose a discreción para dar a conocer los lugares perdidos por razón del bolean,y los perdidos por arenas y los no tan perdidos por causa de ellas, los que no han padecido ruina, el terreno que esta libre y antes se cultivaba,y lo mismo el que esta incapaz de cultivarse por causa de los malpaizes, y tierra inútil, que con efecto se hizo, hauiendo quedado muy razonable en opinión de todos los inteligentes que tienen conocimiento de aquella isIa.Y tenqo hecho esto solo ajin de embiar uno a su Excelencia, y el incluso a Vuestra Señoría para que teniendo ala vista en el mexor modo posible aquella ysla en diseño, puedan Vuestra Senaria y su Excelencia obrar sus providencias, como mexor convenga, que quiera Dios, y su Madre Santísima dar en todo el maior acierto. Vuestra Señoría me tiene para servirle con todas veras,y con las misma ruego a Nuestro Señor le guarde muchos años, como deseo. Fuerteventura y de noviembre 18 de 1730= Muy ilustre .Señor= Besa la mano de a Vuestra Señoría su mas afecto, y reconocido Servidor= Pedro Sánchez Umpierres= Señor Regente Donjuán Francisco déla Cueva. Muy Señor mió.

La erupción de Timanfaya y su grado de penetración o presencia en la casi totalidad de la isla, marcaría definitivamente el paisaje, el perfil del isleño, las labores agrícolas y las construcciones. Por supuesto también influye sobre la vegetación y la fauna. La isla calcinada durante el período 1730-36, tendría a lo largo de los tiempos una costra maldita y calamitosa que sólo en los últimos cuarenta-sesenta años ha adquirido una nueva dimensión en los cánones de la belleza. El volcán, interpreta hoy el más importante rol para la atracción del turismo.

Como ya se dijera aquello de que sólo hay que portar lo suficiente para sobrevivir a un naufragio, en clara referencia a que no hay que cargar en la vida con inutilidades y sí con lo que realmente posee sustancia y calidad, y partiendo de la base de que lo que contiene este libro representa por extensión a todos y cada uno de los valores sensatos de Lanzarote, Tesoros de la Isla posee exclusivamente válidas referencias y puertos de arribadas de nuestra singularidad cultural. Es, por tanto, el libro blanco de la cultura y la naturaleza de Lanzarote, un canon o guía para sobrevivir al tiempo y, especialmente, a los cambios que pudieran venir diseñados por la descuidada intervención y la desmesurada especulación. Este  libro es un inventario para la reconciliación entre Lanzarote como realidad natural y sus gentes.

Sigue la norma ya conocida en la isla de contemplar el medio como potencia a ser engrandecida con la presencia y la intervención humana. La isla, su gente y los tesoros reseñados en esta obra son una misma naturaleza y actuaría con la misma capacidad de un espejo: al romperse repetiría en cada fragmento la imagen global.

 

 

OTRAS EXPOSICIONES VIRTUALES DEL CABILDO DE LANZAROTE