Homenaje a Rafael Cabrera Díaz

Rafael Cabrera DíazRafael Cabrera Díaz, nace en Arrecife en la comúnmente denominada Casa de don Rafael Cabrera, emplazada frente a la antigua vivienda Rancel o vieja Democracia, hoy El Mercadillo y edificada por su abuelo Rafael Cabrera Martinón.

Esta vivienda y la calle Real constituyen el escenario en el que se desarrolla su vida e inquietudes, hasta que cumple 29 años, en que se traslada a Inglaterra.

Desde joven, siguiendo la trayectoria de su padre, se interesa por la temática social y patrimonial, que centra especialmente en esta época en el Castillo de San Gabriel.

Los antecedentes de la creación de la Sección Insular de la Asociación Española de los Amigos de los Castillos en Lanzarote se encuentran en el quehacer de Luis Ramírez González, quien en 1925 solicita al Jefe de la Comandancia de Ingenieros de Las Palmas la concesión en usufructo o gratuita del Castillo de Guanapay, con el fin de contribuir a su conservación.

Ese mismo año se acepta su petición de custodia, dedicándose personalmente al cuidado y reparo de la fortaleza.

Es en estos momentos cuando Luis Ramírez, interesado en la conservación y cuidado de las fortalezas insulares, entra en contacto con Rafael Cabrera  Matallana, padre de Rafael Cabrera Díaz, a quien homenajeamos en este VI Congreso. Ambas personas despliegan juntas trabajos de índole diversa, participando entre otras actividades en la perforación de pozos para la captación de aguas.

Rafael Cabrera Matallana, Oficial de Infantería de Complementos, Concejal del Ayuntamiento de Arrecife y Administrador de Arbitrios, consigue que dos de los cañones pertenecientes a la Batería del Río no se conviertan en chatarra, sino que se emplacen en el Castillo de San Gabriel, tal y como su hijo expresa: Apuntando a la ciudad y defendiendo al castillo.

La intención de los políticos de Arrecife es modificar o derribar el Castillo de San Gabriel, ya que afea la bella marina. Contra esa decisión reacciona de forma inmediata Rafael Cabrera Matallana, recibiendo apoyo de personas tan entrañables para la isla y para él como Francisco Navarro Artiles o Juan José Felipe Lima.

Éste es el ambiente combativo en el que se desarrolla la adolescencia de Rafael Cabrera Díaz quien, con 15 años observa cómo su padre destina parte de su tiempo a la protección de castillos, maretas, a la búsqueda de agua o a la contemplación del Charco de San Ginés.

La actividad que se desarrolla bajo la denominación “Los Amigos de los Castillos de Lanzarote” se envuelve y contamina con una circunstancia social significativa, como es la existencia de un grupo de amigos que organiza actividades propias de la adolescencia: excursiones, investigaciones en el territorio, etc.

Este último escenario cavernícola ejemplifica la lucha del grupo, que evita que se coloquen estalagmitas de piedra, cemento y hierro en la cueva para aumentar su atractivo. Por el contrario, no logra impedir que desaparezca la denominada Garganta de la Muerte, en una clara confrontación con la clase política y una actitud de soberbia ante tal insolencia juvenil.

Atrae conocer la vida y obra de este equipo y resulta entrañable comprobar cómo se emociona, experimentando similares vivencias a las de otros grupos de personas entusiastas de la isla que desarrollan su actividad en otras épocas.

Nos resulta conmovedora la impresión que experimenta este grupo al visitar la Cueva del Majo de Zonzamas, la Cueva de las Palomas o la de Las Breñas o bien al penetrar por la grieta abierta en la carretera de Arrecife a Los Valles a su paso por Teguise. Se decía, y se comenta en la actualidad, que dicha oquedad comunica el Castillo de Santa Bárbara con el palacio de Herrera y Rojas.

Todo ello porque después de este equipo y junto a su espacio temporal han existido otros que han vivido con similar emoción e idénticas actividades. Seguramente algunas de las personas que lean este texto recuerden sus excursiones a la Cueva del Majo en Zonzamas, al Castillo de San José, las acampadas nocturnas en el Castillo de la Caldera de Guanapay, etc.

El Ayuntamiento de Arrecife, a propuesta de Abel Cabrera, Concejal de la Corporación acuerda por unanimidad designar a Gerardo Morales Martinón, Antonio Lorenzo Martín, Estanislao González Ferrer, Maximo Ferrer Pérez y Rafael Cabrera Díaz para constituir una comisión que [...] efectúen cuantos trabajos preliminares sean necesarios, para tratar de la organización y establecimiento en esta ciudad de un museo, ofreciéndole, por parte de esta Corporación, todo el apoyo necesario para que puedan llevar a buen fin sus trabajos [...].

Pronto se contesta tal propuesta sugiriendo plantear el museo en el Castillo de San Gabriel, al tiempo que se inician las gestiones para su cesión por parte del Mando Militar y se contacta con la Asociación Española de Amigos de los Castillos en Madrid.

Comienza así una fructífera actividad que incluye proyecciones de películas y documentales, exposiciones fotográficas... a la vez que se cede el Castillo de San Gabriel al Ayuntamiento de Arrecife, quien a su vez lo transfiere a esta Asociación, tal y como expresa Rafael Cabrera: Con desbordante entusiasmo, incluso con aportaciones económicas y trabajo personal, acometimos el adecentamiento interior y exterior del Castillo. Se fabricó una nueva puerta, en sustitución de la que tenía, muy estropeada, instalada por los militares a finales de los años treinta. Se albearon sus paredes. Se cubrieron los deteriorados pisos con esteras, expresamente encargadas a artesanos de Haría. La Escuela de Arte y Oficios nos facilitó mesas y caballetes, la ferretería Las Afortunadas nos dejó planchas de cartón piedra y la Asociación Nacional, por avión, remite una bella colección de fotografías de Castillos de España.

Así, con estos preambulos, el domingo 21 de agosto de 1960, a las 8.30 de la tarde se abre al público el Castillo de San Gabriel. La celebración se concreta en conferencias, exposiciones y muestrario de piezas donadas al Museo.

Las personas que visitan el museo pueden ver el cuenco de Uga, donado por Rómulo Suárez Armas; el sahumador de Tinajo, entregado por Eduardo Pacheco Martín; las piezas que facilita Sebastián Jiménez Sánchez desde Gran Canaria que proceden de Lanzarote, etc. La pieza central de la exposición es, sin duda, la escultura zoomorfa de Zonzamas, que el equipo de los Castillos logra evitar que salga de la isla.

La actividad continúa, reseñándose especialmente la estrecha colaboración de Rafael Cabrera Díaz con los hermanos Serra Ráfols en el yacimiento arqueológico de San Marcial de Rubicón.

VI Congreso de Patrimonio Histórico. Cabildo Insular de Lanzarote.Diseño: Solucionet.com