Doña Inés Dug Godoy, arqueóloga nacida Fuente de Cantos (Badajoz) inicia su relación con Lanzarote en las navidades de 1966, al visitar la isla por implicaciones familiares. Otras causas muy distintas motivan que desde este primer contacto entre en la Cueva del Majo, cavidad de extrema relevancia arqueológica e histórica que conforma el núcleo principal de Zonzamas, yacimiento que distribuye la totalidad de su registro material arqueológico en los municipios de San Bartolomé, Teguise y Arrecife.

Su preferencia por la arqueología es equiparable a su interés por la espeleología, rama en la que junto con su esposo, don José Guerra Pérez, físico de profesión y vocación y el hermano de éste, don José Miguel, ha escrito una de las páginas de la historia de las cavidades de Lanzarote. Suyos son los primeros trabajos publicados sobre el denominado por ellos Túnel de la Atlántida, en el Malpaís de la Corona. Su inclinación por conocer las cavernas y simas insulares en su tiempo libre será una constante a lo largo de su vida y una actividad que desarrolla conjuntamente con un equipo conformado por personas entusiastas e interesadas que sientan escuela de empatía por esta vertiente naturalista entre la población joven de Lanzarote.

En el mes de septiembre de 1967, en su segundo viaje a Lanzarote, doña Inés visita la Cueva de los Verdes con un grupo de amos entre quienes se encuentra don Enrique Díaz Bethencourt. En esa inspección comprueba la existencia de un potente registro arqueológico que se remite desde la cultura indígena hasta el siglo XIX.

En 1968 contrae matrimonio y se traslada a vivir a la isla, donde trabaja en el Instituto de Enseñanza de Arrecife, actual Agustín Espinosa. En una de las excursiones que realiza ese año conoce a don Juan Brito Martín, con quien empatará durante toda la vida por un interés común, la arqueología, la historia y la conservación. Junto a él visita Zonzamas, cuando todavía se encuentran las casas de la aldea edificada sobre el asentamiento aborigen, si bien en ese entonces ya sin habitar. Desde este primer encuentro, doña Inés puede admirar la estela con semicírculos grabados de Zonzamas, encajada entre los bloques ciclópeos que conforman la muralla de Zonzamas que circunda a la Cueva del Majo. En ese encuentro, don Juan Brito Martín le narra a doña Inés el rescate de la escultura zoomorfa de Zonzamas que protagoniza junto a otras personas en el muelle de Los Mármoles, evitando su embarque fuera de la Isla.

Asimismo, don Juan Brito le muestra todo el material arqueológico que custodia el Cabildo en una vivienda de Titerroy. Durante los tres años posteriores, hasta 1971, doña Inés recorre diversas zonas arqueológicas de la isla, interesándose por cada punto para componer el paisaje cultural que enmarca el yacimiento de Zonzamas.

De una manera familiar y durante sus traslados a la isla, pues ya reside en Madrid, aborda los inicios y casi exclusivos estudios que existen sobre Zonzamas junto a don Juan Brito y su esposo, tratándose éste del más emblemático de cuantos lugares culturales hemos heredado de la cultura indígena maxie y con el que mantenemos asignaturas pendientes de aprobar, algunas de ellas muy perentorias y de obligado término.

De forma sistemática y con una intención claramente resolutiva, comienza a trabajar en 1971 en la parte central del asentamiento de Zonzamas, con incursiones a otros elementos que forman parte de lo que hemos denominado complejo arqueológico de Zonzamas, dada la cantidad y variedad de elementos que se vertebran en este territorio como son la Peña del Majo, la Piedra del Majo junto a la Quesera de Zonzamas, el efequén y las estructuras tumulares, las peñas del Cuenquito, del Letrero y Conchero, la zona de enterramientos sepultada por las erupciones volcánicas de Timanfaya en 1739, así como diversas parcelas en las que afloran piezas de la cultura material indígena, otras intervenciones rupestres y cimientos de lo que aparentan constituir estructuras arquitectónicas.

Con idas y venidas a Lanzarote desde su residencia habitual y permaneciendo en la isla todas las vacaciones posibles, se implica en Zonzamas llevando a cabo misiones arqueológicas de campo hasta 1983 y prolongando el trabajo de gabinete para registrar la totalidad de las piezas recuperadas del yacimiento de Zonzamas hasta 1986.

Doña Inés Dug Godoy significa para Lanzarote una puerta al pasado, un acceso por el que tenemos que pasar en el intento de recuperar la historia, aquella que no hemos sabido apreciar y sobre la que existen reveladoras lagunas. Cada pieza que doña Inés extrae de Zonzamas constituye una consagración a la memoria, a la evocación del pasado desde la individualidad, de cada una y de todas las personas que habitan en Lanzarote y al recuerdo colectivo y universal.

Todo fragmento cerámico, objeto de piedra o de hueso excavado en Zonzamas por doña Inés resulta un hecho significativo que emana de cada pieza, estrato, kilo de nivel o de tierra obtenida de los registros arqueológicos fértiles de Zonzamas, pero también procede del significado de conjunto de este complejo y fecundo enclave arqueológico.

Doña Inés integra la parte fundamental en la composición de la historia arqueológica de Zonzamas pero no se encuentra sola. Además de su esposo y de don Juan Brito Martín, se halla un grupo de trabajadores del Cabildo Insular, don León Hernández, don Domingo Hernández, don Francisco, don Domiciano, don Florencio Corujo, además de don Estanislao Juan Hernández Hernández, don Carlos Hernández Hernández, don Carmelo García, don Bernabé García, don Felipe Martín, doña María Teresa Perera Betancort, doña Teresa de Tegueste...

Zonzamas constituye una parte de la solución a cuestiones relativas al pasado insular, al más remoto que coexiste y que seguimos poseyendo en la memoria colectiva. Cada objeto, cada metro de tierra de Zonzamas, cada trabajo realizado en este yacimiento y aún toda la tarea que queda por hacer, resulta una prueba clara de la existencia de nexos con el pretérito. Lo que sentimos ante piezas arqueológicas exhumadas como la estela de anillos concéntricos, el ídolo antropomorfo y sedente o las variedad de placas decoradas o exentas de adorno lleva implícito la memoria, su contenido intangible. Lo que sentimos ante el pasado como persona individual y como colectividad es la prueba evidente de las conexiones, ligaduras y acoplamientos reales y queridos que mantenemos con el tiempo pretérito, del cual todavía hoy muchísimas de sus parcelas se nos muestran oscuras, nada níveas como es lo deseable. Como pueblo aún no contamos con un pasado que nos conceda y encuadre un marco de referencias para reconocernos en el contorno isla así como a nosotras como personas del presente, del aquí y del ahora. Doña Inés nos ha proporcionado pinceladas de colores y trazos que puntean las líneas maestras de lo que se esconde, de lo que no permanece a la vista pero está.

El Cabildo de Lanzarote a través del Servicio de Patrimonio desarrolla varios proyectos en Zonzamas. Mientras la parte central del yacimiento duerme, se trabaja en propósitos ponderados. éstos, provistos de un componente racional y coherente contienen también una fuerte emoción, la misma que transmite doña Inés cuando hablas con ella de Zonzamas, la misma que necesitamos - y a ella le sobra - para concluir los proyectos programados, los que le debemos a ella, mujer comprometida e incansable, que no duda en aplicarse como arqueóloga voluntaria en la Cueva del Majo para perpetuar su contacto con el sitio, un encadenamiento que mantiene y que no puede romper. Doña Inés es un tesoro humano vivo.

Zonzamas se asemeja a un reloj parado - no estropeado - del que fascina comprobar que al menos dos veces al día nos proporciona la hora exacta. Si nos acercamos a escuchar, podemos empezar a oír cómo el engranaje de su maquinaria empieza a impulsarse, que sus movimientos se inician acompasados con los latidos del corazón de quien llega. Auscultamos la tierra para percibir cómo arranca, funciona, se aproxima y se fusiona a la hora exacta, dada la perfección que le contamina el latido del corazón de la persona que se presenta a la llamada del tiempo, visitando Zonzamas para advertir la memoria del lugar. Presentimos cómo late al unísono el reloj de Zonzamas con el tictac del corazón de doña Inés ya que siempre, desde que acudió a su llamada en 1966 han permanecido engarzados. Es ese reloj del tiempo de Zonzamas que permanece dormido el que debemos despertar con la suave explosión del bing-bang que emana de los corazones dispuestos a rescatar el pasado, a sentir conjuntamente para adentrarnos en el futuro como mujeres y hombres del tiempo presente. Así es fácil percatarse de que necesitamos a doña Inés para hacer realidad los proyectos porque éstos ya habitan en su corazón.

Deseamos que este congreso y especialmente el acto de homenaje a doña Inés Dug Godoy sea un lugar de confluencia, de intercambio de opiniones, hipótesis y teorías diferentes e idénticas, que la arqueología sea el punto en común entre las personas que participan. Conocer el presente, entender el pasado en el presente para vivir el futuro es la garantía de que los pasos a seguir constituyen el mismo camino que nos marca doña Inés con su reloj sincrónico con Zonzamas, con un calendario que recoge todos los tiempos y sabiduría. Doña Inés Dug Godoy merece el respeto, la admiración y el agradecimiento de este VIII Congreso.

Inés Dug Godoy
VIII Congreso de Patrimonio Histórico. Cabildo Insular de Lanzarote.