Quince millones de años ligados al volcán y al océano Atlántico han convertido los productos de esta tierra en pequeñas obras de arte. Lanzarote es la isla del jable, la ceniza y la humedad de los alisios. Su gastronomía es hija de un profundo conocimiento ecológico y de una naturaleza extremadamente singular.
En este territorio, apenas a 100 kilómetros de África, las cosechas tradicionales de papas, batatas,
cebolla y grano se alimentan del rocío y de las brumas. Crecen también aupadas por el tesoro que cae excepcionalmente del cielo y se almacena en aljibes, gavias y antiguos sistemas de ingeniería
hidráulica.
Mujeres, hombres, tierra y mar se labraron aquí a base de observación, ingenio y vigor. Sólo así puede existir la papa de Los Valles, la batata del jable, el inaudito vino de La Geria, la gamba de La Santa, el queso de cabra, la sal cocida en charcos de mar y sol, el cherne, la merluza de La Graciosa...
Para proteger y divulgar este patrimonio cultural —y a los productores y artesanos que lo sostienen— en 2010 nació Saborea Lanzarote, un sello de calidad avalado por el Instituto de Calidad Agroalimentaria del Gobierno de Canarias.
Estos productos locales, elaborados con técnicas sostenibles, protagonizan cada año el mayor evento gastronómico de Canarias: el Festival Enogastronómico Saborea Lanzarote (noviembre, Villa de Teguise). Éste, junto a la Lanzarote Wine Run, son dos ocasiones para experimentar la esencia y el significado de la isla.